jueves, 18 de noviembre de 2010
Tranquilidad...
A veces estamos tan inmersos en el ruido, que es difícil distinguir que es lo que estamos oyendo y que es lo que estamos escuchando, cuantas veces no se nos antojaría estar a solas para reunir nuestros pensamientos y acomodarlos para analizarlos con calma, o simplemente, no tener el fastidio constante de las personas que sin desearlo, roban nuestro tiempo de tranquilidad, es algo que deberían pensar mientras, tranquilamente pasean por los pasajes de las catacumbas empolvadas de mi memoria, que les muestra un claro ejemplo, del tiempo necesario para uno mismo, en una pintura creada por alguien mas......
"(a Fausto que ha dejado de bailar)
MEFISTÓFELES: ¿Por qué dejas marchar a esa linda muchacha, que tan deliciosamente cantaba para incitarte a bailar?
FAUSTO: ¡Ah! En medio del canto , saltó de su boca un ratoncito colorado.
MEFISTÓFELES: ¡Vaya una razón! Eso no hay que tomarlo a pecho. Ya basta que el ratón no fuera gris. ¿Quién hace caso de ello en la hora propicia del amor?
FAUSTO: Luego vi …
MEFISTÓFELES: ¿Qué?............ Leía en voz baja Frank Davenport, el cajero con mas tiempo de trabajar en ese banco, 34 años en el mismo puesto, leer fausto en horas de trabajo explicaría el porque jamas avanzo de puesto;
Cliente -Señor por favor tengo aquí 10 minutos viéndolo leer, atiendame por favor!- Exclamo la señora con visible enojo y volteando a ver a la multitud de personas que se remolinaban detrás de ella en lo que parecía una fila interminable.
Frank - Disculpe señora pero es que siempre he querido leer este libro y jamas tengo tiempo, vera usted....
Cliente - Me importa un reverendo pepino que este haciendo!, atiendame por favor! - Interrumpió la señora ahora mas enojada.
Frank dejo a un lado su libro no sin antes poner el señalador en la pagina donde se había quedado, y aun así entre cliente y cliente le daba un repaso a su libro, es un vicio raro eso de leer y para el cajero no era un vicio, sino una necesidad, aunque jamas tenia tiempo de hacerlo, siempre había algo que hacer, alguien a quien atender, y si no era eso es que no encontraba sus lentes, grandes y gruesos como el fondo de una botella de sidra y sin ellos seria imposible que viera cualquier cosa, sin los lentes seria casi ciego. Antes de la hora de salida, la señorita rubia que trabaja en su escritorio fuera de la oficina del gerente, le da el recado al viejo Frank.
Rubia - El señor Coleman quiere verlo en su oficina Frank - Dijo con la voz que cualquier rubia de 22 años y cuerpo escultural podría tener.
El cajero la ve a los ojos y solo mueve la cabeza, un poco avergonzado, porque sabe perfectamente para que lo quiere el señor Coleman, quien no solo era el gerente del banco sino el dueño también, hijo del anterior Coleman gerente del banco y a su vez nieto del fundador, "Mucho prestigio en tan poco tipo" siempre prensaba Frank cuando lo veía entrar paseando sus 1.55 mts. de estatura en sus trajes de 5000 dolares y sus zapatos relucientes de piel, se veía muy gracioso, muy bien vestido, pero gracioso.
Sr. Coleman - Frank Davenport, el empleado menos eficiente que este banco ha tenido - Le dice con tono déspota al viejo que solo podía agachar la cabeza y tratando de esconder el libro en el dentro del saco - Pase por favor!.
Frank - Si Sr. Coleman para que me necesitaba - Responde sumisamente el viejo - Puedo ayudarlo en algo.
Sr. Coleman - En realidad usted no me sirve para nada - Insistía el gerente con el mismo tono de voz y ahora sacudiéndose un poco el traje, mientras volteaba su silla para ver a través de la ventana - En realidad solo lo mande llamar porque vino una cliente a quejarse de la forma en que usted la atendió.
Frank - No se a que se refiere señor - Le contesta con voz baja mientras abre el libro y lo lee de reojo.
Sr. Coleman - Mire Frank, hace solamente 3 años que mi padre murió, al parecer usted era amigo de el, así que me pidió de favor que no lo despidiera, que solo esperara a que se retirara, y yo he tratado de hacerlo hasta este punto, usted pensaría que eso es algo fácil para mi, no es así?.
Frank - FAUSTO: ¡Ah! En medio del canto , saltó de su boca un ratoncito colorado.
MEFISTÓFELES: ¡Vaya una razón! Eso no ha....... - En voz muy baja, leyendo para el únicamente, pero aun así haciendo un ruido bastante ominoso .
Sr. Coleman - SEÑOR DAVENPORT POR FAVOR!! - Ofuscado el grita al viejo que se sobresalta con el ruido - Estoy tratando de darle una explicacion del porque no lo he despedido aun y usted en mis narices se pone a leer ese maldito libro que solo hace que este banco quede mal!!
Frank - Usted disculpe es que siempre he querido leer este libro y nunca tengo tiempo de leer en lo absoluto, mi mujer no me deja hacerlo, es enemiga de cualquier lectura, solo dice que es una perdida de tiempo y fijese que esta historia es buenísima acerca de un viejo que le vende el alma al.....
Sr. Coleman - Me importa un pepino de que se trate, por favor deje de leer en el trabajo o si no voy a ver que lo despidan tan rapido que su libro se deshojara en el trayecto de aquí a la puerta de salida, ENTENDIDO!?.
Frank - Entendido - Dice por fin el viejo, que cierra su libro, agacha la cabeza y se retira lentamente.
Rumbo a su casa pasa por una revistería donde exiben una edición especial de Romeo y Julieta de Shakespeare y al lado el periódico del día, mostrando en la pagina central la noticia en letras rojas "SE ROMPEN RELACIONES CON EL PAÍS ORIENTAL, POR MOTIVO DE LAS ARMAS NUCLEARES, POSIBLE GUERRA EN LA PUERTA". "Esto se va a poner feo" Pensó Frank, mientras seguía su camino.
Al llegar a casa inmediatamente esconde el libro en el escritorio que estaba junto a la puerta, y se asoma debajo de el en busca de una caja de zapatos vieja, la toma y abre, dentro hay un viejo tomo de poesía francesa, voltea para todos lados y se lo guarda en la bolsa interior del saco sin darse cuenta de que unos ojos ya se habían enganchado a el desde que llego.
Mary Davenport - Frank que escondes ahí? - La inquisidora voz de la mujer escuálida, de boca grande que alguna vez fue agradable a la vista y ahora es simplemente una sombra de lo que alguna vez pudo llegar a ser - no sera uno de tus libros verdad, ya estas perdiendo el tiempo en eso nuevamente?
Frank - No mi cielo, es una agenda simplemente
Mary - Oh en serio, dejame verla...
Frank - No tiene importancia, mejor dime que hay para cenar!
Mary - No hay cena, te dije que si no conseguías un aumento no habría cena, y como no crei que lo consiguieras, ni siquiera me moleste en hacer algo para cenar...Muestrame ese libro Frank Davenport, te prometo que esta vez no te lo quitare... solo quiero saber de que se trata! - Cambio la voz súbitamente, se afino y se volvió melodiosa, como cuando invitas a alguien a bailar esperando obtener algo mas que un baile.
Frank - En serio cielo!, quieres saber que dice el libro, estaría gustoso de leerlo completo para ti, ven sientate - Le tomo la mano guiándola al sillón mientras sacaba el libro del saco con la cara iluminada de gusto y sorpresa - Mira este libro es buenisimo te va a encantar.
La mujer no dijo nada solo una sonrisa torcida se dibujo en su rostro huesudo, y sus ojos de por si pequeños se afilaron aun mas, impaciente y serena al mismo tiempo se sentó en el sillón y espero...
La sonrisa y la luz que iluminaron la cara de Frank desaparecieron al instante en que abrió el libro, desesperado lo hojeo y vio con desesperación que todas las paginas del libro estaban manchadas de tinta, haciéndolo imposible de leer...
Frank - Pero que le sucedió a mi libro, es el que me dio mi madre antes de morir! - La voz menguada del viejo estubo a 2 grados de quebrarse, pero no lo hizo.
Mary - Lo encontré en una vieja caja de zapatos y como estaba tan sucio y viejo pensé que no te importaría, además sabes que leer todo el tiempo es una perdida del mismo - La mujer le decía con voz viperina viéndolo como si ella midiera 3 metros y el solo la mitad - debes de estar pensando en que vaz a hacer cuando te despidan o te retires de ese empleo tan miserable que tienes, es miserable como tu vida y va de paso la mía, que si sigo aquí contigo es porque espero que todos mis años de aguantarte, rindan frutos el día que te den tu pensión por 35 años de mal servicio!.
Dicho esto se levanto y se fue a su cuarto, dejando a su marido, absorto, no era la primera vez que le decía tanta recriminacion, pero esta vez, lo dejo con la vista fija en el viejo libro hechado a perder y el corazón en el mismo lugar donde se encuentran los zapatos.
Nuevamente en el trabajo al día siguiente, con la vista en el televisor, empleados y clientes del banco veían las noticias de la mañana, al parecer la guerra si estaba mas cerca de lo que todos pensaban, veían como hablaban ambos presidentes, dando sus puntos de vista en insistiendo que lo único factible seria hacerse entender con el remedio infalible de las balas, todo esto pasaba mientras el buen Frank leía un capitulo mas de Fausto.
Rubia - Frank dice el Señor Coleman que le traiga la caja 234-b de la bóveda - Le dice al oído al viejo que hipnotizado por Mefistofeles y su manera de engatuzar a Fausto, apenas si se dio cuenta que los carnosos labios de la rubia se acercaron demasiado como para manchar su oreja de rojo pasión No.4.
Frank sin hacerle demasiado caso se levanta, con un ojo en el camino y otro en el libro, se dirije a la bóveda, que demasiado grande para la cantidad de cajas de seguridad que tenia y demasiada seguridad para la cantidad de dinero que guardaba, lucia fría y húmeda, y lo estaba, ya que se encontraba 2 pisos abajo de la recepción, el cajero prefirió usar las escaleras para tomarse su tiempo y continuar leyendo, un poco molesto por tener que detener la lectura para ingresar el código de 7 números que pide la enorme puerta de la bóveda, al entrar se pone a buscar, pero en realidad no tiene idea de que.
Frank - Que me pidió esta niña? - Dijo en voz alta - La caja 432-c? , Demonios tengo que volver a preguntarle, aunque claro que siempre podría leer un momento aquí, - Continuaba hablando en voz alta y para el solo - No hay quien me moleste y para cuando se den cuenta que estoy aquí abajo ya habré terminado 2 capítulos! por fin un lugar para leer!.
Apenas se acomodaba para sentarse en el piso cuando un terremoto increíble sacudió el enorme cuarto, era algo inesperado, sin aviso, solo la fuerza de la naturaleza siendo descargada en ese cuarto, Frank trataba de mantenerse en pie pero era difícil, pues trataba de hacerlo con una mano y con la otra se cubría de las cajas que salían volando de los estantes que eran sacudidos como por brazos gigantescos invisibles, en la lluvia de cajas de metal una se encontró con la frente de Frank, dejándolo inconsciente.
El frió y un dolor de cabeza, lo obligaron a abrir los ojos, milagrosamente los fondos de botella aun estaban en su lugar, la oscuridad dejaba ver claramente un haz de luz que se escurría con timides entre la enorme puerta y el marco, tropezando con cualquier cosa que se encontrara en el suelo, se hiso a la salida, encontrando nada mas escombros y destrucción por todas partes; no batallo demasiado en encontrar la salida, el edificio estaba demasiado bien hecho y aunque algunas paredes calleron, la estructura se mantuvo en pie, orgullosa de sus cimientos, todavía no terminaba de acostumbrarse a la luz del sol, el sol mas brillante que jamas hubiera visto en 60 años, ni una sola nube dibujada en el cielo, ni el canto de un pájaro o el ladrido de un perro, no claxons, ni gente silvandole al taxi mas cercano, no había personas a su alrededor, solo el sonido de hierro retorciendose y derrumbes a veces lejos otras veces mas cerca, camino por la desértica y devastada ciudad alzando la voz cada 10 metros "AUXILIOOOOO!!" Gritaba cada vez mas fuerte y cada vez haciendo un sonido gutural al final de la "O", señal que su garganta le empezaba a arder por el polvo y el esfuerzo, pero el dolor desapareció con el grito aterrador que pronuncio al ver los cadáveres de 2 personas que aun seguían atoradas en un mustang 70, no estaban completos y estaban quemados hasta los huesos, todavía se sentía el calor de las flamas que seguramente habían consumido a esos pobres incautos, lo mas extraño era que, conforme avanzaba, había mas cadáveres identicamente quemados hasta los huesos, no importaba donde estuvieran, siempre carbonizados, sin carne solo hueso.
Frank - Que paso aquí? - Hablaba una vez mas en voz alta y para el mismo - Un terremoto no pudo haber sido, porque no hay sobrevivientes?, nadie atrapado en los escombros!, Tuvo que ser una explosión, pero de que magnitud?, he caminado por horas y sigo viendo quemados... La Bomba... La guerra.... Sucedió!...
Lloro un poco por su infortunio, era un hombre sensato, no muy valiente pero si sensato, cuando se seco las lágrimas se puso a buscar comida y en su andar, la visión mas grandiosa que pudo tener en su vida.
La majestuosa entrada de 2 enormes puertas de madera que resguardan la biblioteca municipal. Jamas se vio sonrisa mas grande en un viejo de cara larga como la de Frank Davenport ese día, donde las ruinas, la muerte y la perdición reinaban toda vista, Dando tumbos subió las escaleras y entro al edificio que aun seguía en pie y sin trazas de querer caer. Una lágrima mas salio de su ojo derecho, que se confundió con el hilillo de sangre que aun escurría del golpe que tenia en la frente, la visión era magnifica, miles de libros tirados, Gohete, Shakespeare, Kissinger, Lorca todos revueltos en el piso pero aun esperando unas manos que las pudiera levantar y volver a la vida en su lectura, aun había estantes sin caer con cientos de libros acomodados por orden alfabético y por si fuera poco, a 2 pasos, el olor a café de una maquina de expresos que aun funcionaba, un despachador electrónico de pastelillos roto, al cual no había que meter monedas para obtener el preciado tesoro de chocolate o almibar, era simplemente perfecto.
Frank - No puedo creerlo! - Grito al cielo, mientras apilaba los libros en orden de importancia para el - Todos los libros del mundo para mi, todo el tiempo del mundo para mi, no hay nada mas que yo quisiera pedir!, Tengo todo para mi solo!.
Todo en la vida tiene un precio, y aveces la gente se da cuenta cuando ya es demasiado tarde, así le paso al viejo cajero, cuando terminaba de gritar, el peso de los libros que llevaba en los brazos lo hizo trastabillar, en el movimiento, aventó los libros y con ellos los lentes de fondo de botella, que al caer se hicieron añicos, junto con la esperanza de un viejo, amante de la lectura llamado Frank Davenport.
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